Nuevos egresados se despiden de su Instituto en Yumbel

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Con emoción y muchos sentimientos encontrados ante la despedida de su comunidad educativa, dos cursos de cuarto año medio del Instituto San Sebastián de Yumbel dijeron adiós a las aulas.

En primer lugar, se efectuó una Eucaristía en la parroquia santuario de Yumbel, presidida por el asesor pastoral de la Vicaría Episcopal para la Educación sacerdote Mauricio Aguayo, junto al capellán del Instituto sacerdote Sebastián Kubingila. El padre Mauricio dijo a los jóvenes “éste es un punto en nuestra vida que quiere hacernos mirar lo que ha sucedido durante todos estos años de formación. Sin esa mirada hacia atrás difícilmente podremos aprovechar las oportunidades”. “Dios entrega su bendición, pero depende de nosotros como queramos recibirlo. La idea es que con este signo ustedes sepan que pueden contar con Jesús y con su cruz. Los animo a que tomen esa cruz, aférrense porque es la única forma de no traicionar los genuinos ideales que Dios ha depositado en ustedes, que tendrán la gran responsabilidad de cambiarle el rostro a este país”.

Durante la Eucaristía, los jóvenes recibieron el signo de la cruz, con el cual completaron su itinerario formativo pastoral. Luego salieron del templo y se dirigieron al patio techado de la enseñanza media, donde se efectuó la ceremonia de licenciatura. Allí tuvo lugar el cambio de porta estandartes y abanderados, la premiación a estudiantes destacados y la entrega de licencias de cuarto año medio, entre otros hechos significativos.

La rectora, hermana Ximena Sandoval Hurtado, dijo a los egresados “han culminado la etapa escolar pero no la educación, pues día a día se presentan situaciones que los hacen mejores personas. Sus padres les entregaron valores y el colegio la formación académica, formando una conciencia crítica de acuerdo a los valores del Evangelio para ser un aporte a la sociedad, y así encaminar con éxito un proyecto de vida. Siempre es posible un mundo más justo y solidario. Ustedes deben ser protagonistas de la historia que irán construyendo día a día. Cada paso, cada piedra de la construcción es única e irrepetible, por lo tanto, deben colocar lo mejor de sí”.

Al finalizar, se realizó la ceremonia de la luz. Cada uno de los estudiantes encendió una vela y recibió el envío a ser sal y luz del mundo. Mientras se interpretaba la canción del adiós y sonaba el timbre que cada día les anunció el término de una jornada, hicieron abandono del lugar entre los aplausos de los presentes.

Comunicaciones, Colegios del Arzobispado de la Santísima Concepción.