Cuaresma: tiempo de conversión

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Con la bendición e imposición de ceniza, el 26 de febrero, la Iglesia celebró Miércoles de Ceniza, dando inicio a Cuaresma. En Concepción, en la Catedral y en todas las parroquias y comunidades se vivió con gran fe esta acción. Asimismo, se dio comienzo la campaña Cuaresma de Fraternidad, e este año acompañará a nuestros hermanos migrantes.

En la Catedral, el presbítero Cecilio de Miguel presidió la Eucaristía, en que hizo una invitación a profundizar la oración, en este tiempo especial para la Iglesia. Recordó que la misión – como hijos de Dios – está en medio del mundo. El padre Cecilio reflexionó que siempre, Jesucristo nos dijo que “sin Mí no podéis hacer nada”. Él nos habló de las dificultades que íbamos a tener, pero que le tenemos cerca siempre, y Él está esperando que le pidamos ayuda, porque lo único que Él quiere es que seamos felices y estemos contentos. Por eso, en este tiempo de Cuaresma, rezar más es prepararnos para tener al Señor con nosotros, siempre”.

Enfatizó que “nosotros tenemos que trabajar para hacer que esa cultura (de odio y venganza) cambie. No es irnos del mundo, porque Jesucristo nos indicó que nuestra tarea está en medio del mundo, donde están las dificultades. Lo otro es una tentación de escapistas, aquello que decía un grafiti “paren el mundo”. Nosotros no estamos para bajarnos del mundo, porque Jesucristo nos dice “no tengáis miedo mi pequeño rebaño, que yo estaré con vosotros, siempre, para que podáis vencer al mal y el pecado”. Esta es nuestra actitud, con nuestra oración, con nuestra mortificación, saber que lo que estamos haciendo por la reconstrucción del país y sobre todo por la reconstrucción de las personas, aquello que lo que el Señor nos encarga que hagamos”.

En tanto, en Roma, el Papa Francisco entregó un profundo mensaje al mundo, afirmando que “la Cuaresma no es el momento de derramar moralismos inútiles sobre la gente, sino de reconocer que nuestras miserables cenizas son amadas por Dios”. “Las cenizas recuerdan dos caminos: el camino de nuestra existencia, del polvo a la vida. Y el camino opuesto, que va de la vida al polvo”.

El tiempo de Cuaresma, dijo, es un tiempo de gracia, para acoger la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y, de esta manera, cambiar nuestras vidas. Estamos en este mundo para caminar de las cenizas a la vida: “La Cuaresma se empieza recibiendo las cenizas: “Acuérdate que eres polvo, y al polvo volverás”.

Comunicaciones, Iglesia de Concepción